lunes, 13 de abril de 2026

 

BREVE HISTORIA DEL PUENTE ROTO

 



Es más que celebrado que en Acámbaro, existe un puente manufacturado con mucha resistencia y hermosura. A través del tiempo ha ido surgiendo la incógnita de su construcción, y todo envuelto en halo de misterio que se ha entretejido a lo largo de los más doscientos cincuenta años que tiene en funcionamiento, con su imponente estilo románico. Admirado por muchos, envidiado por otros, pero al fin ahí está elegante, erguido, magnificente, resistiendo todos esos años de furia del agua que pasan por sus arcos, resistiendo inundaciones, paso único de nuestro pueblo de note a sur, llevando en sus espaldas no tan solo el peso de los años, sino de toneladas de materiales que durante años pasaron por sus calzadas, quizá hasta finales de los 1980, que se le quitó una carga , en todos los sentidos, es incongruente que en los primeros años de sus fundación, se obligó a que hubiese una persona en cada punto, para certificar que no se excedieran en  las carretas la carga, con miedo inminente de un colapso su estructura. Pero el paso contante en el primer tercio del siglo XX, con la circulación de camiones Torton, de pasajeros, quedó demostrada su legitima resistencia.

 

En las entradas del puente en las cuatro esquinas con pedestales de cantera gris (las pirámides) con columnas estriadas adosadas a un cuerpo central, los pedestales están rematados en un gran perillón sobre el cual descansan cuatro esculturas religiosas de cantera gris las cuales son la Virgen del Pilar y San José en la parte Norte  y en la parte Sur se pueden apreciar las imágenes de San Francisco y la Virgen de Guadalupe, el puente está diseñado en un sencillo y elegante estilo Románico, mientras que las cuatro columnas que lo flanquean están manufacturadas en un hermoso barroco andaluz copiando la arquitectura del monasterio, no pudiendo faltar el en el entablamento superior, el friso pulvinato característico de la arquitectura colonial acambarense, elaboradas las pirámides se pusieron los santos del lado sur en junio de 1777, Nuestra Señora de Guadalupe y Nuestro Padre San Francisco de Asís y en  agosto de 1777 Nuestra Señora del Pilar y el 16 de febrero de 1778, Nuestro Señor San José, cuyo puente esta bajo su patrocinio junto con el de San Francisco de Asís.

 



 

 Hace un año, llegó a mis manos parte del último proceso para la conclusión del puente de piedra en Acámbaro, y todo empieza por la época de aguas de 1716, cuando el caudaloso río Lerma bajaba de Almoloya del Rio, bramando pasaba por Lerma, Ixtlahuaca, Atlacomulco, Tepetongo (todavía sin presa), Tepuxtepec solo el casco de la Hacienda del mismo nombre (también sin presa), por Maravatío y finalmente por Acámbaro, y es aquí cunando ocurre la desgracia, tumba más de tres arcos del puente viejo del lado norte o del que esta del lado de la hacienda de San Cristóbal. Con troncos, madrinas, el pueblo improvisa un paso al lado norte, y así transcurren treinta años hasta que también en época de aguas de 1746, pasa por aquel riesgoso parche de puente le Ilustrísimo Padre Cristóbal de Escobar y Llamas, Provincial de la Compañía de Jesús de la Nueva España,  quien viendo el peligro y riesgo de la vida con que se pasaba el río, que por tener su nacimiento en la Lerma, y ser su recibo de aguas tan super abundantes en la distancia que prepara la referida ciudad, con este Pueblo, lo llaman Río Grande y hacia treinta años, que se había llevado el puente, que hicieron los antiguos y en dicho tiempo habían padecido el desconsuelo de morirse sin Sacramentos en las haciendas de San Cristóbal, la de la Encarnación, y Pueblo de Chupícuaro, que son de esta Parroquia, con cuya consideración y otras muchas que pedía la necesidad, esforzó a el vecindario, a que se hiciera el puente, ayudando dicho Provincial, como lo hizo…….. El Ilustrísimo Padre Provincial viendo que todo esto requería de mucho dinero, proporcionó de propio peculio Dos mil pesos, comprometiendo al vecindario a juntar dos mil pesos más, y así el Domingo de Ramos 26 de marzo de 1747, se procedió a la apertura de cimientos, se trabajó los cuatro meses que restaban de la época seca, en los que se hicieron ochenta varas de cadena de trece varas de ancho y trece de macizo, bajo de las arenas en el tepetate duro, consumiendo en todo lo dicho los cuatro mil pesos, y para proseguir se convinieron los vecinos del pueblo, con los de las haciendas en este modo, los comerciantes ofrecieron dar en cada seca, lo que se les graduara respecto de sus facultades, los pobres, seis reales cada uno, y el que no los pudiera dar, trabajar tres días personalmente, los indios del pueblo trabajar tres días y se les daba para su manutención un real en dinero, un almud de maíz  y un poco de Sal, chile y frijol.

Las haciendas, daban sus operarios tres días para el trabajo en el puente, y los arrendatarios contribuían revueltos con algunas haciendas, con sus bueyes para traer la cal y leña para quemarla, que dio la hacienda de la Encarnación (Propiedad de Don José Pérez Llera), a más de su gente, bueyes y mucha piedra que se acarreó para obra de tanta magnitud, con este pie se caminó hasta el año de 1750, que Don Juan Antonio de  Michelena paso de Tesorero a la Ciudad de Valladolid, al morir su hermano Don Manuel, que fueron los que dirigieron hasta aquí la obra, y prosiguió en los mismos términos el Bachiller Don Juan García de la Madrid, Juez Eclesiástico de este Partido, hasta el año de cincuenta y cuatro, que murió…..,



En este tiempo la caridad del dicho Señor Obispo Don Martín de Elizacoechea Dorre Obispo (1745-1756) que fue de este Obispado, viendo la necesidad  y el estado de la obra, dio mil y seiscientos pesos y quedo con cinco arcos; estos solo con el anillo desamparado de calzones  y toda fortaleza. Y considerando el necesario empeño para proseguir la obra, se le dio el encargo a el Bachiller Don Manuel Carrillo de Figueroa, que por su genio, enfermedad y ocupaciones no se adelantó cosa y murió el año de cincuenta y nueve, entonces se nombró por el Ilustrísimo Señor Obispo Don Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, donó para la construcción del puente mil ochocientos pesos, el Bachiller Don Miguel Villegas, para Juez Eclesiástico del antecesor y tampoco adelanto nada.

Sabido su Señoría Ilustrísima, que no se esforzaba a el vecindario, para la prosecución de la obra, ni se gastaban en ella mil seiscientos pesos, que para ella había dado, tuvo a bien su Señoría Ilustrísima de nombrar para ello a Don Miguel Duarte y a Don José Pérez Llera: el primero, por sus ocupaciones  y enfermedades no pudo hacerlo, y el segundo en 1761 desbarato dos arco que rehízo de mampostería, porque les cayó un rayo, y les faltaban los cimientos, y también para uniformar lo que estaba hecho, que fue el año de 1763, cuando se abren los cimientos a cargo de Don José Pérez Llera y hecho cadena para los cuatro arcos del norte, según, y como la de la principal caja del río y sucesivamente, hizo los arcos, se fueron rellenando los cinco primeros hasta ponerlos en estado de que aunque fuera con incomodidad, se pasaba a caballo, y que los furlones se pasaran tirándolos a mano. En este estado se resfrió mucho el vecindario con sus ayudas, pero nunca se paró de trabajar paulatinamente.

Pasando por ella del año de 1767 el Excelentísimo Señor Don José de Gálvez y Gallardo Marqués de Sonora (1720-1787), viendo lo utilísimo de la obra, si para el pasto espiritual tan necesario, como para los comercios que ofrece su tránsito, insto mucho para su conclusión, y ofreció este vecindario acabar más que fuera con pausa, pues había tenido el lapso de ponerla en aquel estado, sin pensionar a ninguno, pero su Excelencia deseoso de que finalizará cuanto antes, nos instó a que propusiéramos arbitrios,

El Primero: Se dejará de dar pilones en los comercios del pueblo, estos se contabilizarán y se entregarán a la Diputación encargada de la administración a cargo de Don Juan Lorenzo de Recalde.

Segunda: Que el abastecedor de carnes de este pueblo, paga a el de la Ciudad de Salvatierra, que es en quien se han rematado junto con el Pueblo de Yurirapúndaro el abasto de carne, doscientos pesos por el bienio, separado del remate del de Salvatierra y el nuevo Abastecedor, contribuya esta cantidad para el enunciado fin, sin perjuicio de la que se le regulare a el Real desagüe

Tercero y último: que, en las carnicerías del pueblo, deban dar media libra menos de (carne) de vaca o toro, todo el dinero de las medias libras de menos deberán ser enteradas a la administración, para la conclusión del Puente.

 



Los tajamares en punta de diamante cortan la fuerza del agua

 

Una situación importantísima es que el Bachiller Don Juan Manuel Primo de Terán Sánchez y Jordán (1751-) suple con todo el dinero necesario, para que prontamente se siga la construcción del puente con tal que aquel vecindario, le otorgue una solemne obligación de pagarle, luego que esté recaudado.

Primo y Jordán nacido en la Ciudad de Querétaro, hijo de Pedro Bernardo Primo de Terán Sánchez y de Felipa Josefa Villanueva Terreros y Jordán, con este dato damos a conocer que fue pariente de Pedro Romero de Terreros y uno de sus prestanombres, para comprar las haciendas a los Albarrán Carrillo, que formarían parte de su segundo Mayorazgo y también el segundo más valioso, junto con su hijo Francisco Javier Romero de Terreros (1762-1778) que a la muerte de este, recayó el Titulo y Mayorazgo a su hermana mayor María Micaela Romero de Terreros (1757-1817) nuestra condesa, pero esa es otra historia.

 


Fotografía tomada por B. L. Singley, en el año de 1894.

 

En esta última etapa, el puente estaba en servicio lo único que faltaba eran las calzadas de subida y bajada el pasamanos y los adornos de los cuatro lados prácticamente ya estaba terminado. Comienza esta última etapa de la obra en junio de 1776 y se terminó en abril del 1778, se colocó el ultimo Santo San José febrero de 1778, Maestro Cantero Joseph de Avalos, Sobrestante Casimiro Francisco Javier Coronel Servín de la Mora y Francisco Pérez. Francisco Morquecho acarreador de materiales, Maestro albañil Buenaventura Hernández

Arquitecto Ildefonso de Iniesta Bejarano y Durán y los Arquitectos Fernando Durán y su padre el Arq. Fernando Durán Sarmiento y Valladares, los dos últimos trabajaron para Manuel Albarrán Carrillo, en hacer canales para llevar a sus haciendas de Acámbaro agua del río Lerma, en 1734

 

 

Fotografía tomada por B. L. Singley, en el año de 1894.

 

Otros comentarios sobre el puente, “que es dilatado y frecuente el viso de dicho puente aún en el tiempo de las secas, con el traqueo de forlones, que recuas de diversas que lo están pasando, siendo este mucho más el de las aguas, agregándose entonces el de las carretas, que conducen maderas para el Real de Minas de Guanajuato, y otros lugares, como que los que habitan hacia la parte del sur de dicho puente no tienen otro efugio de mayor seguridad para su tránsito.

“que el dicho puente es útil  y benéfico al vecindario del Partido de Acámbaro, y a otros lugares del Reino por ser camino real y tránsito para la Ciudad de Valladolid y otras partes pero le ha sido y en perjudicial a la Ciudad de Salvatierra porque teniendo esta, otro magnifico puente, por donde con un poco más de rodeo podrían venir y trafican los mismos de todo el Reino para dicha Ciudad de Valladolid, y con esto tener algún más comercio la dicha de Salvatierra y el lucro solo que dejan los pasajeros no lo logra, porque se van por el dicho de Acámbaro el cual para nada necesita de público y vecindario de Salvatierra….

 la obra según su magnitud, y firmeza  y demás, pongo que si la apreciasen subiría su valor de más de sesenta mil pesos, y este exceso lo ha dado gustoso aquel vecindario, así por libertarse de las inundaciones pero gracias a Dios se perfeccionó, y acabo el Puente, más útil, fuerte y hermoso que tiene el Reino, y puede competir con los mayores de Europa  y es a saber, que tiene para su cimiento una cadena de trece varas de ancho y tres de macizo, bajo de las arenas embutida en tepetate muy firmé, sobre que esta cimentada, y se compone de nueve arcos y el mayor de veinte  y cinco varas de elevación, y quince  una tercia varas de claro y al respectivo los otros, y desde su cimiento de piedra labrada con sus puntas de diamante de dos varas y media, para que corten sus corrientes del río y sus bastiones, para que más fortifiquen, y unas cortinas a la banda del Pueblo para que nunca sube el río en sus avenidas, todas de piedra labrada, sus pasamanos, de media vara de grueso, y cinco cuartos de alto, por dentro y fuera de sillería, curiosamente dispuestas, y tiene de largo trescientos, quince varas, y de claro cinco tres cuartos varas teniendo finalmente por remate en cada uno de sus extremos, cuatro pilares de doce varas de alto, y en la cima de cada uno de ellos las imágenes de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, la de Nuestra Señora del Pilar, la del Santísimo Patriarca Señor San José.

 


Porque no se inauguró en 16 de junio de 1778,  porque faltaba destruir unas islas de arena que había a los pies del puente y estas arremolinaban las aguas a los pies de los arcos y  otra fue que querrán demoler el resto de los arcos del antiguo puente  y la última fue, que en la auditoria practicada a la Administración del puente faltaban doscientos pesos, los cuales el encargado pudo comprobar hasta dos años después, y entre la burocracia de Acámbaro a Salvatierra a Celaya a Cd México y de regreso, algo verdaderamente tortuoso, se da por terminado en 1782 y el costo total aproximado del puente se calcula entre $ 70,000.00 a $ 80,000.00.

 




 

Exposición de Charles Burlingame. 





 


 

 

 

Esta foto es parte de una tarjeta estereoscópica también de B. L. Singley posiblemente de 1894.

Es importante destacar que este muro de contención ya lo perdimos se lo llevo el agua y la incuria

de nuestras autoridades y pobladores.

 


 





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