lunes, 13 de abril de 2026

 

BREVE HISTORIA DEL PUENTE ROTO

 



Es más que celebrado que en Acámbaro, existe un puente manufacturado con mucha resistencia y hermosura. A través del tiempo ha ido surgiendo la incógnita de su construcción, y todo envuelto en halo de misterio que se ha entretejido a lo largo de los más doscientos cincuenta años que tiene en funcionamiento, con su imponente estilo románico. Admirado por muchos, envidiado por otros, pero al fin ahí está elegante, erguido, magnificente, resistiendo todos esos años de furia del agua que pasan por sus arcos, resistiendo inundaciones, paso único de nuestro pueblo de note a sur, llevando en sus espaldas no tan solo el peso de los años, sino de toneladas de materiales que durante años pasaron por sus calzadas, quizá hasta finales de los 1980, que se le quitó una carga , en todos los sentidos, es incongruente que en los primeros años de sus fundación, se obligó a que hubiese una persona en cada punto, para certificar que no se excedieran en  las carretas la carga, con miedo inminente de un colapso su estructura. Pero el paso contante en el primer tercio del siglo XX, con la circulación de camiones Torton, de pasajeros, quedó demostrada su legitima resistencia.

 

En las entradas del puente en las cuatro esquinas con pedestales de cantera gris (las pirámides) con columnas estriadas adosadas a un cuerpo central, los pedestales están rematados en un gran perillón sobre el cual descansan cuatro esculturas religiosas de cantera gris las cuales son la Virgen del Pilar y San José en la parte Norte  y en la parte Sur se pueden apreciar las imágenes de San Francisco y la Virgen de Guadalupe, el puente está diseñado en un sencillo y elegante estilo Románico, mientras que las cuatro columnas que lo flanquean están manufacturadas en un hermoso barroco andaluz copiando la arquitectura del monasterio, no pudiendo faltar el en el entablamento superior, el friso pulvinato característico de la arquitectura colonial acambarense, elaboradas las pirámides se pusieron los santos del lado sur en junio de 1777, Nuestra Señora de Guadalupe y Nuestro Padre San Francisco de Asís y en  agosto de 1777 Nuestra Señora del Pilar y el 16 de febrero de 1778, Nuestro Señor San José, cuyo puente esta bajo su patrocinio junto con el de San Francisco de Asís.

 



 

 Hace un año, llegó a mis manos parte del último proceso para la conclusión del puente de piedra en Acámbaro, y todo empieza por la época de aguas de 1716, cuando el caudaloso río Lerma bajaba de Almoloya del Rio, bramando pasaba por Lerma, Ixtlahuaca, Atlacomulco, Tepetongo (todavía sin presa), Tepuxtepec solo el casco de la Hacienda del mismo nombre (también sin presa), por Maravatío y finalmente por Acámbaro, y es aquí cunando ocurre la desgracia, tumba más de tres arcos del puente viejo del lado norte o del que esta del lado de la hacienda de San Cristóbal. Con troncos, madrinas, el pueblo improvisa un paso al lado norte, y así transcurren treinta años hasta que también en época de aguas de 1746, pasa por aquel riesgoso parche de puente le Ilustrísimo Padre Cristóbal de Escobar y Llamas, Provincial de la Compañía de Jesús de la Nueva España,  quien viendo el peligro y riesgo de la vida con que se pasaba el río, que por tener su nacimiento en la Lerma, y ser su recibo de aguas tan super abundantes en la distancia que prepara la referida ciudad, con este Pueblo, lo llaman Río Grande y hacia treinta años, que se había llevado el puente, que hicieron los antiguos y en dicho tiempo habían padecido el desconsuelo de morirse sin Sacramentos en las haciendas de San Cristóbal, la de la Encarnación, y Pueblo de Chupícuaro, que son de esta Parroquia, con cuya consideración y otras muchas que pedía la necesidad, esforzó a el vecindario, a que se hiciera el puente, ayudando dicho Provincial, como lo hizo…….. El Ilustrísimo Padre Provincial viendo que todo esto requería de mucho dinero, proporcionó de propio peculio Dos mil pesos, comprometiendo al vecindario a juntar dos mil pesos más, y así el Domingo de Ramos 26 de marzo de 1747, se procedió a la apertura de cimientos, se trabajó los cuatro meses que restaban de la época seca, en los que se hicieron ochenta varas de cadena de trece varas de ancho y trece de macizo, bajo de las arenas en el tepetate duro, consumiendo en todo lo dicho los cuatro mil pesos, y para proseguir se convinieron los vecinos del pueblo, con los de las haciendas en este modo, los comerciantes ofrecieron dar en cada seca, lo que se les graduara respecto de sus facultades, los pobres, seis reales cada uno, y el que no los pudiera dar, trabajar tres días personalmente, los indios del pueblo trabajar tres días y se les daba para su manutención un real en dinero, un almud de maíz  y un poco de Sal, chile y frijol.

Las haciendas, daban sus operarios tres días para el trabajo en el puente, y los arrendatarios contribuían revueltos con algunas haciendas, con sus bueyes para traer la cal y leña para quemarla, que dio la hacienda de la Encarnación (Propiedad de Don José Pérez Llera), a más de su gente, bueyes y mucha piedra que se acarreó para obra de tanta magnitud, con este pie se caminó hasta el año de 1750, que Don Juan Antonio de  Michelena paso de Tesorero a la Ciudad de Valladolid, al morir su hermano Don Manuel, que fueron los que dirigieron hasta aquí la obra, y prosiguió en los mismos términos el Bachiller Don Juan García de la Madrid, Juez Eclesiástico de este Partido, hasta el año de cincuenta y cuatro, que murió…..,



En este tiempo la caridad del dicho Señor Obispo Don Martín de Elizacoechea Dorre Obispo (1745-1756) que fue de este Obispado, viendo la necesidad  y el estado de la obra, dio mil y seiscientos pesos y quedo con cinco arcos; estos solo con el anillo desamparado de calzones  y toda fortaleza. Y considerando el necesario empeño para proseguir la obra, se le dio el encargo a el Bachiller Don Manuel Carrillo de Figueroa, que por su genio, enfermedad y ocupaciones no se adelantó cosa y murió el año de cincuenta y nueve, entonces se nombró por el Ilustrísimo Señor Obispo Don Pedro Anselmo Sánchez de Tagle, donó para la construcción del puente mil ochocientos pesos, el Bachiller Don Miguel Villegas, para Juez Eclesiástico del antecesor y tampoco adelanto nada.

Sabido su Señoría Ilustrísima, que no se esforzaba a el vecindario, para la prosecución de la obra, ni se gastaban en ella mil seiscientos pesos, que para ella había dado, tuvo a bien su Señoría Ilustrísima de nombrar para ello a Don Miguel Duarte y a Don José Pérez Llera: el primero, por sus ocupaciones  y enfermedades no pudo hacerlo, y el segundo en 1761 desbarato dos arco que rehízo de mampostería, porque les cayó un rayo, y les faltaban los cimientos, y también para uniformar lo que estaba hecho, que fue el año de 1763, cuando se abren los cimientos a cargo de Don José Pérez Llera y hecho cadena para los cuatro arcos del norte, según, y como la de la principal caja del río y sucesivamente, hizo los arcos, se fueron rellenando los cinco primeros hasta ponerlos en estado de que aunque fuera con incomodidad, se pasaba a caballo, y que los furlones se pasaran tirándolos a mano. En este estado se resfrió mucho el vecindario con sus ayudas, pero nunca se paró de trabajar paulatinamente.

Pasando por ella del año de 1767 el Excelentísimo Señor Don José de Gálvez y Gallardo Marqués de Sonora (1720-1787), viendo lo utilísimo de la obra, si para el pasto espiritual tan necesario, como para los comercios que ofrece su tránsito, insto mucho para su conclusión, y ofreció este vecindario acabar más que fuera con pausa, pues había tenido el lapso de ponerla en aquel estado, sin pensionar a ninguno, pero su Excelencia deseoso de que finalizará cuanto antes, nos instó a que propusiéramos arbitrios,

El Primero: Se dejará de dar pilones en los comercios del pueblo, estos se contabilizarán y se entregarán a la Diputación encargada de la administración a cargo de Don Juan Lorenzo de Recalde.

Segunda: Que el abastecedor de carnes de este pueblo, paga a el de la Ciudad de Salvatierra, que es en quien se han rematado junto con el Pueblo de Yurirapúndaro el abasto de carne, doscientos pesos por el bienio, separado del remate del de Salvatierra y el nuevo Abastecedor, contribuya esta cantidad para el enunciado fin, sin perjuicio de la que se le regulare a el Real desagüe

Tercero y último: que, en las carnicerías del pueblo, deban dar media libra menos de (carne) de vaca o toro, todo el dinero de las medias libras de menos deberán ser enteradas a la administración, para la conclusión del Puente.

 



Los tajamares en punta de diamante cortan la fuerza del agua

 

Una situación importantísima es que el Bachiller Don Juan Manuel Primo de Terán Sánchez y Jordán (1751-) suple con todo el dinero necesario, para que prontamente se siga la construcción del puente con tal que aquel vecindario, le otorgue una solemne obligación de pagarle, luego que esté recaudado.

Primo y Jordán nacido en la Ciudad de Querétaro, hijo de Pedro Bernardo Primo de Terán Sánchez y de Felipa Josefa Villanueva Terreros y Jordán, con este dato damos a conocer que fue pariente de Pedro Romero de Terreros y uno de sus prestanombres, para comprar las haciendas a los Albarrán Carrillo, que formarían parte de su segundo Mayorazgo y también el segundo más valioso, junto con su hijo Francisco Javier Romero de Terreros (1762-1778) que a la muerte de este, recayó el Titulo y Mayorazgo a su hermana mayor María Micaela Romero de Terreros (1757-1817) nuestra condesa, pero esa es otra historia.

 


Fotografía tomada por B. L. Singley, en el año de 1894.

 

En esta última etapa, el puente estaba en servicio lo único que faltaba eran las calzadas de subida y bajada el pasamanos y los adornos de los cuatro lados prácticamente ya estaba terminado. Comienza esta última etapa de la obra en junio de 1776 y se terminó en abril del 1778, se colocó el ultimo Santo San José febrero de 1778, Maestro Cantero Joseph de Avalos, Sobrestante Casimiro Francisco Javier Coronel Servín de la Mora y Francisco Pérez. Francisco Morquecho acarreador de materiales, Maestro albañil Buenaventura Hernández

Arquitecto Ildefonso de Iniesta Bejarano y Durán y los Arquitectos Fernando Durán y su padre el Arq. Fernando Durán Sarmiento y Valladares, los dos últimos trabajaron para Manuel Albarrán Carrillo, en hacer canales para llevar a sus haciendas de Acámbaro agua del río Lerma, en 1734

 

 

Fotografía tomada por B. L. Singley, en el año de 1894.

 

Otros comentarios sobre el puente, “que es dilatado y frecuente el viso de dicho puente aún en el tiempo de las secas, con el traqueo de forlones, que recuas de diversas que lo están pasando, siendo este mucho más el de las aguas, agregándose entonces el de las carretas, que conducen maderas para el Real de Minas de Guanajuato, y otros lugares, como que los que habitan hacia la parte del sur de dicho puente no tienen otro efugio de mayor seguridad para su tránsito.

“que el dicho puente es útil  y benéfico al vecindario del Partido de Acámbaro, y a otros lugares del Reino por ser camino real y tránsito para la Ciudad de Valladolid y otras partes pero le ha sido y en perjudicial a la Ciudad de Salvatierra porque teniendo esta, otro magnifico puente, por donde con un poco más de rodeo podrían venir y trafican los mismos de todo el Reino para dicha Ciudad de Valladolid, y con esto tener algún más comercio la dicha de Salvatierra y el lucro solo que dejan los pasajeros no lo logra, porque se van por el dicho de Acámbaro el cual para nada necesita de público y vecindario de Salvatierra….

 la obra según su magnitud, y firmeza  y demás, pongo que si la apreciasen subiría su valor de más de sesenta mil pesos, y este exceso lo ha dado gustoso aquel vecindario, así por libertarse de las inundaciones pero gracias a Dios se perfeccionó, y acabo el Puente, más útil, fuerte y hermoso que tiene el Reino, y puede competir con los mayores de Europa  y es a saber, que tiene para su cimiento una cadena de trece varas de ancho y tres de macizo, bajo de las arenas embutida en tepetate muy firmé, sobre que esta cimentada, y se compone de nueve arcos y el mayor de veinte  y cinco varas de elevación, y quince  una tercia varas de claro y al respectivo los otros, y desde su cimiento de piedra labrada con sus puntas de diamante de dos varas y media, para que corten sus corrientes del río y sus bastiones, para que más fortifiquen, y unas cortinas a la banda del Pueblo para que nunca sube el río en sus avenidas, todas de piedra labrada, sus pasamanos, de media vara de grueso, y cinco cuartos de alto, por dentro y fuera de sillería, curiosamente dispuestas, y tiene de largo trescientos, quince varas, y de claro cinco tres cuartos varas teniendo finalmente por remate en cada uno de sus extremos, cuatro pilares de doce varas de alto, y en la cima de cada uno de ellos las imágenes de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe, la de Nuestra Señora del Pilar, la del Santísimo Patriarca Señor San José.

 


Porque no se inauguró en 16 de junio de 1778,  porque faltaba destruir unas islas de arena que había a los pies del puente y estas arremolinaban las aguas a los pies de los arcos y  otra fue que querrán demoler el resto de los arcos del antiguo puente  y la última fue, que en la auditoria practicada a la Administración del puente faltaban doscientos pesos, los cuales el encargado pudo comprobar hasta dos años después, y entre la burocracia de Acámbaro a Salvatierra a Celaya a Cd México y de regreso, algo verdaderamente tortuoso, se da por terminado en 1782 y el costo total aproximado del puente se calcula entre $ 70,000.00 a $ 80,000.00.

 




 

Exposición de Charles Burlingame. 





 


 

 

 

Esta foto es parte de una tarjeta estereoscópica también de B. L. Singley posiblemente de 1894.

Es importante destacar que este muro de contención ya lo perdimos se lo llevo el agua y la incuria

de nuestras autoridades y pobladores.

 


 





viernes, 10 de abril de 2026

 

Doña Catalina Gómez de Larrondo, que no era Catalina

 

Entrada de la supuesta casa de Don Juan Bautista y Doña María Catharina Gómez de Larrondo

 En las hermosas anécdotas pueblerinas que nos contaban nuestros antepasados, al respecto de los héroes y heroínas mexicanas que habían desfilado a lo largo de la historia, no solo de nuestro bello país, sino de nuestro maravilloso Pueblo de Acámbaro, rico en historia y en legadas tradiciones, que muchas han caído al olvido y muchas otras aún vigentes.

Me cautiva en especial la historia escrutada sobre la existencia de Doña María Catharina Gómez de Soria de Larrondo de Larrondo.




Comencemos, nacida en el Pueblo de Acámbaro Guanajuato Jurisdicción de Salvatierra en 1778, hija de Don Nicolás Gómez de Soria y de Doña María Francisca de Larrondo de Rivera, sus abuelos maternos fueron Juan Bautista de Larrondo (-1758) y María Matiana de Rivera.  Casada en 1793 con su primo hermano Don Juan Bautista Joseph de Larrondo Marticorena, sus padres fueron José Antonio de Larrondo de Rivera y María Josepha Marticorena Chavarría (1747-). Engendraron por lo menos cuatro hijos, José Guadalupe (1794-1840), Juan Silverio (1795-), María Genoveva Francisca (1803-) y Margarita Ignacia Antonia Faustina de San Juan Nepomuceno (1807-).

Gran parte de la incógnita de la existencia de Doña María Catharina, es que sabemos muy poco de su vida.

Ella nació en el seno de una familia de pueblo acomodada, herederas de grandes linajes regionales, Su padre Don Nicolás rico hombre comerciante que ayudo a la construcción del puente de piedra, así como de hermosear la casi recién estrenada Parroquia, con sus hermosos altares dorados y precisamente con peculio propio doró algunos laterales de nuestra Iglesia, así como vestir con hermosas prendas las sacristía y adornos religiosos, altamente devoto de nuestra Señora de Guadalupe y de Divinísimo Señor Sacramentado expuesto en el Santuario local. Don Nicolás Gómez de Soria, fue un personaje importante en la vida de nuestra localidad, aparte de tener una afamada tienda, contaba con telares de producción de prendas de lana, casado en segundas nupcias por los años de 1765 con Doña María Francisca de Larrondo de Rivera, que conoció a concluir la compra venta de la hacienda de Santa Inés propiedad del padre de esta Don Juan Bautista de Larrondo. Don Joseph Nicolás Gómez viudo de Isabel de Aureoles casados en 1750, cabe señalar que la procedencia de esta familia Aureoles es de Indaparapeo, con ella procreo a Luis Mariano Gómez de Aureoles (1751-) y María Josepha Gómez de Aureoles (1760-) casada con el rico comerciante y terrateniente don Francisco Antonio Fernández de Herrera, dueño de la Casa de los Perros originario y vecino de Apaseo. En este punto encontramos una relación estrecha con el Grupo Liberal de los “Guadalupes”, ya que la Güera Rodríguez, era muy asidua a visitar a los señores Fernández Gómez y con ello la cercanía de Doña Catharina Gómez de Larrondo, con las efervescentes ideas independentistas, amiga cercana del grupo de conspiradores de Querétaro del Salvaterrense Licenciado José Manuel de Zozaya y Bermúdez y por supuesto del Canónico de la Catedral de México José María Alcalá y Orozco (1757-1819), también Acambarense, todos miembros activos del selecto grupo de los “Guadalupes”.



Regresemos, a la muerte de Doña María Francisca de Larrondo aproximadamente en 1785, la pequeña Catharina queda bajo del cuidado de sus tías maternas, a los pocos años de la muerte de Doña Francisca, muere don Nicolás, y en este momento Catharina está sola y desamparada, pero con una gran dote de más de cuarenta mil pesos de la época y algunas otras propiedades, en este tiempo fue que se hizo cargo de ella su tío materno Don Joseph Antonio de Larrondo de Rivera, y es cuando se entreteje esta historia de amor, o al menos así se platea,  ella con aproximadamente 12 a 13 años, pasa a vivir a casa de su tío Joseph Antonio, con sus más de cuatro primos, cierto o forzado los dos primos se enamoran Juan Bautista Joseph y María Catharina, pero había un obstáculo casi insorteable, eran primos hermanos! Para esto se pidió el consejo de su tío el Bachiller José Antonio de Larrondo Vicario y Juez Eclesiástico de este partido, muy cercano a Obispado de Michoacán, e idean pedir una dispensa matrimonial, mediante la disposición de testigos e informe del Cura del Partido para dar atención al cumplimiento con lo prevenido en la Real Pragmática, fue cuando el 22 de junio de 1793 presentan la solicitud de dispensa al Señor Obispo de Michoacán Fray Antonio de San Miguel Iglesias y Cajiga (1724-1804), bajo los siguientes criterios:

Don Juan Bautista Joseph de Larrondo Marticorena, originario y vecino de Pueblo de Acámbaro de 25 años de edad, de ocupación comerciante, con intención de contraer matrimonio con su prima hermana.

Doña María Catharina Gómez de Soria de Larrondo de casi 15 años de edad, originaria y vecina del Pueblo de Acámbaro, quien pretende tomar estado con su primo hermano.

Para dar validez a este asunto de la dispensa, recurrieron a presentar 3 testigos, el primero fue Don Luis Martínez de Lexarzar, vecino del Pueblo y encargado de la Administrador de Correos, casado, español de 56 años, el cual expone que conoce a los dos contrayentes, que sabe que los une una línea de parentesco y que los dos tienen abuelos en común, que los dos son dignos para casarse, todos unos dechados de virtudes.

Segundo testigo Don Joaquín Gómez, de 60 años de edad, casado, español y vecino de este Pueblo comerciante, dueño de telares de lana, da fe que conoce desde niños a los contrayentes, y conoce el impedimento de sangre, y que sabe de las intenciones de ambos para contraer matrimonio.

Tercer y último testigo Don Manuel Carrillo de Figueroa, español, casado de 55 años, vecino y comerciante de este Pueblo, da fe que conoce a los pretendientes, que sabe el impedimento de sangre que hay entre ellos, que tienen parientes en común, que no tienen compromiso con nadie de ninguna índole.

 El 28 de junio de 1793, finalmente llega la tan solicitada y anciada dispensa por parte del Obispado de Michoacán, la cual reza: “ Autos y vistos con las Diligencias que se expresan en la respuesta que antecede, dispensase conforme a lo pedido en ella el impedimento de consanguinidad en segundo grado , con que resultan ligados los pretendientes como también se dispensamos de las tres amonestaciones dispuestas por el Santo Concilio de Trento, para que sin este requisito verifiquen su intentado matrimonio, librándose al efecto la necesaria licencia con la imposición de la saludable, penitencia de que por espacio de seis meses recen diariamente una corona y en cada uno de ellos confiesen y comulguen formas de la limosna de Doscientos veinte y cinco pesos que ha exhibido el pretendiente y aplicamos a las obras pías de su destino……………………… Así Vuestra Señoría Ilustrísima el Obispo, mi señor lo proveyó, mandó y rubrico”.

Y así, ellos se casarón a finales del 1793, en la parroquia de Acámbaro, dando así termino a tan ansiada unión matrimonial.

 


martes, 26 de noviembre de 2019


Palacio de los Sámano Serrato.

Acceso principal.

Sin duda es una de las casas señoriales que aún se conservan en nuestra ciudad, a pesar de que ya no ostenta su original magnificencia, entre las que destacan sus ventanas, ni remates superiores gracias al famoso Plan Guanajuato (1964-1967) se abrió 1.30 m. la calle de Hidalgo desde la esquina de Pino Suárez a Leona Vicario, fue el peor crimen perpetrado al acervo arquitectónico histórico de nuestro estado, no dejando pasar por alto la gran culpa de nosotros los ciudadanos acambarenses que permitimos ese horrendo crimen.

Personalmente es un placer hablar de esta casa en la cual fui muchas veces feliz, no solo por estar en ella y disfrutar su hermosura, sus bellos muebles de época, si no por las interminables tardes de plática y grata compañía de las señoritas Sámano, Esperancita y Margarita, que por autorización de Esperancita, les llamaba tías; siempre recordando a los viejos amigos que se adelantaron, hablando de mejores épocas, del Acámbaro chico lleno de recuerdos, de sus fiestas y saraos, de un Acámbaro que se lo llevo el Plan Guanajuato a mediados de los sesenta y todavía algunos soñamos con él de vuelta.

Detalle de la portada principal.

En el exterior el elemento compositivo más llamativo de este palacio sin duda es el acceso principal o portada, es innegable que tiene antecedentes en la tradición ornamental del barroco novohispano del bajío y de la obra del convento con influencia andaluza. Calculo que su manufactura se remonta a principios del tercer tercio del siglo XVIII. Sus tres o cuatro balcones que ya no se volvieron a montar después del famoso plan, consistían en jambas cerradas por dinteles coronados por sencillos entablamentos y sendas rejas custodiaban los vanos de las ventanas que descansaban sobre enormes repisas debajo de la cuales colgaban grandes guardamalletas, todo el frente de la propiedad remataba en una cornisa de cantera gris plomo; desgraciadamente no he podido conseguir una foto de la fachada antes de la afectación.

La portada principal reside en jambas cajeadas de orden toscano a los extremos de la composición sobre las que descansa el dintel que hace escuadra en las impostas, remarcando el rectángulo de las platabandas; un hermoso entablamento remata la composición y en ésta se marcan los resaltos las formas ascendentes de las jambas, la clave del cerramiento ostenta la bella talla en altorrelieve de la Virgen de Guadalupe, coronando la imagen se encuentra al nivel del arquitrabe exquisitos motivos ornamentales consistentes en dobles veneras acanaladas y otros roleos abren paso a la base de otro resalto central que termina en la tapa alta del entablamento, es importante mencionar del uso del friso pulvinato, e igual que en otras obras de la ciudad de perfecta estereotomía.

La puerta de madera de sabino denota su antigüedad, compuesta por dos hojas divididas en dos partes, las superiores más pequeñas ostentan una guardamalleta trunca en bajo relieve a lo ancho de la hoja que por en medio pende un medio capitel del que nacen dos roleos con ornamentos vegetales labrados y de bajo de ellos pequeñas guardamalletas, del centro también se desprenden otras de mayor tamaño formando todo el conjunto una guardamalleta de guardamalletas (efecto muy visible en la pila morisca) en el centro de éstas un par de máscaras con facciones asiáticas en bronce, las dos partes superiores del portón, están remachadas con tres hileras de clavos con chapetón de bronce, prolongan el remate de los capiteles molduras en todo lo ancho de la puerta terminando en los extremos en roleos. Las dos partes bajas  están compuestas por en medio una guardamalleta que termina en dos aldabones de grutescos de bronce, estás partes presentan cuatro hileras de clavos con chapetones de bronce, la parte inferior está adornada por la tercer guardamalleta trunca en bajo relieve, en la parte baja derecha se encuentra el postigo de acceso.
Aldabón de grutesco.

En su interior es un verdadero placer observar a detalle los arcos y elementos arquitectónicos que componen el patio principal, que después del cubo del zaguán se abre un amplio corredor con cinco arcos lobulados y cuatro accesos a los antiguos salones que daban a la calle, todo es de exquisito primor, todo está labrado en magnifica cantera gris plomo, con terminación tipo mármol muy utilizada a finales del siglo XIX o principios del XX; al doblar a la derecha se encuentra otro pasillo de igual magnitud pero este con tres arcos lobulados y dos accesos. La arquería de gran riqueza plástica, dan al conjunto un aspecto espectacular, los arcos de orden barroco andaluz, compuestos por siete lóbulos almohadillados en los intradós, cada uno descansa sobre pilares cuadrados cajeados con bases rectangulares de orden toscano también cajeadas, las pilastras por los intradós y extradós están adornadas por unas medias cañas que terminan en la parte del capitel en una pequeña voluta y palmeta, los extradós de los arcos ostentan bellas molduras chambrantes, compuestas por boceles resaltados y tres platabandas, todo el conjunto está proyectado con un gusto refinado, en cada una de las enjutas reposa una réplica o continuación de la columna que termina en un capitel con caritas de ángeles y otros motivos ornamentales. En la parte superior de las arquerías remata una gruesa cornisa compuesta de finas molduraciones, en cada columna sobrepuesta de las enjutas del capitel se desprenden gárgolas en forma de perros. Todo el patio está enlozado en cantera gris plomo y en el centro un pozo ya tapado con un bello brocal y sobre-brocal de arco de medio punto donde se desprende la polea. Los naranjos del patio colonial le dan un encanto especial y en época de primavera inunda la morada el aroma fresco de los azares.

Patio principal


El corredor en forma de “L” está cubierto con baldosa en el piso, las puertas de las habitaciones y los salones también del repertorio barroco, consistente en el arranque jamabas cajeadas y dinteles que descansan directamente sobre ellos e inmediatamente remata sobre los dinteles una tapa de gran tamaño, todo en cantera gris plomo, imitando mármol, dando un aspecto elegante y refinado. Las puertas y ventana que daban a la calle y corredores están entableradas y talladas con motivos vegetales de gran valor artístico, tipo del Monasterio de San Francisco.

Detalle interior del patio.

En los años maravillosos que visité a las señoritas Sámano en su hermosa casa, la distribución comenzaba cruzando el zaguán e inmediatamente a la derecha se encontraba el salón principal, consistente un cuarto de gran tamaño y altura con una ventana que daba al patio, los muebles con toda seguridad manufacturados por la casa Jorge Unna y Cia. Consistente en un terno sala estilo Luis XVI ecléctico y doce sillas hechas en madera de nogal, tapizados en gobelino de motivos florales, adornaba también el salón un juego de sala y doce sillas de bejuco austriaco manufacturado por Michael Thonet, en magnifico estado, todo resaltaba sobre un gran tapete persa en fondo verde, a los lados del sofá, se encontraban pequeñas columnas de madera laqueadas en negro sobre las cuales se encontraban una pareja de esculturas de gran tamaño de porcelana alemana de Meissen, cruzando el corredor nos encontramos en la primer recámara en donde se encuentra otra de mis piezas favoritas un ropero de dos espejos y gran copete estilo Luis XVI, elaborado en madera de nogal, también de la casa Jorge Unna y Cia, al lado de la calle estaba el costurero, del otro extremo se encontraba la puerta a la otra habitación con el ropero gemelo de la primera, obvio elaborado por Unna. Para salir de las últimas recámaras al corredor se entraba el acceso al salón del caracol, en donde se encontraba el cilindro de las escaleras para subir a la azotea, en ese salón estaba un juego de recámara elaborado en encino americano, de manufactura norteamericana, al parecer usado por el Doctor Sámano y su esposa, también se encontraba una pieza fabulosa consistente en un ropero de dos puertas manufacturado en cedro blanco y laqueado en color negro, con los lados frontales y laterales esgrafiados dejando la madera contrastar con la laca, dando un gran efecto estético, remataba en un copete poco usual calado en motivos florales también en laca negra, pienso que era de mediados del XIX, al parecer parte del ajuar de la casa de sus tías maternas ubicada en el portal Serrato. De frente a la entrada del salón del caracol una ventana a un patio interior, a la derecha se encontraba otro salón o desayunador e inmediatamente un corredor hacia otro patio trasero o de servicio, en el que alguna vez estuvo la entrada de las carrozas y caballerizas por el lado de Juárez; de inmediato al pequeño corredor estaba la cocina y junto se encontraba el comedor principal, que estaba exactamente del lado contrario de corredor principal, en este espacio se pueden apreciar muebles de manufactura mexicana de excelente calidad, una mesa enorme en el centro, aparadores y vitrinas a los lados; todo te trasladaba a épocas pasadas en donde tu mente juega con los olores y colores transportándote a otros días donde todo era diferente, no quieres que pase el tiempo, te quieres quedar ahí para siempre.
Sala principal de la casa Sámano

De su historia se sabe poco, solo que antes de ser dueño el Doctor Francisco Sámano, fue propiedad de Don José Álvarez del Castillo y en 1898 la vendió al Doctor. Sin duda la casa fue manufacturada por gente con grandes recursos económicos ya que esta denota el espacio y lujo de la época en la fue construida. Es importante mencionar en el inventario de propiedades de los Romero de Terreros mencionan una casa en el centro de Acámbaro que perteneció al el tercer mayorazgo, constituido en 1777 por el Condado de Regla y el Marquesado de San Francisco, que entre sus propiedades estaban San Cristóbal, Parácuaro, San José, Puerto Ferrer, Santa Catalina, Encarnación, Chamácuaro, San Juan, Coyotes, la Trinidad y Guadalupe y una casa en Acámbaro. Archivo General de la Nación (AGN) vínculos. Quiero pensar que esta hermosa propiedad formó parte de los bienes de nuestra Condesa de Acámbaro, Doña María Micaela Romero de Terreros y Trebuesto Segunda Marquesa de San Francisco (1757-1817).
Otro ángulo del patio principal.

Los Sámano fueron sus habitantes los últimos 120, echemos un repaso a sus ascendientes, comencemos con: Fermín José Mariano Sámano, (1748-) Tamazula Abasolo, Guanajuato, casado con Ana María Martínez de Borja Campuzano, (1752-), hijo José Bernardo Sámano Martínez de Borja (1783-) casado con María Dolores Silva, hijo 1 Antonio Sámano Silva (1809-) casado María Concepción Ortega Gómez Natera, se casaron en Celaya en 1838, hijo 2 Francisco Sámano Silva (1802-) casado con María Josefa García Anaya (1827), hijo José María de los Dolores Sámano García (1829-) casado en 1854 con, María Ignacia de Jesús Román Mendoza (1833-). Pariente de Gertrudis Bocanegra Mendoza heroína de la Independencia, y ambas descendientes de los Huitzimengari antiguos Reyes de Michoacán, hijos hijo 1 José María Sámano Román (1857-) no se casó Pátzcuaro; hija 2.- María Concepción Lorenza Dolores de Jesús Sámano Román (1859-1911) Pátzcuaro-Acámbaro, casada con Florencio Rafael Álvarez del Castillo Errejón (1856-) Acámbaro se casa en 1880; hijo 3 José Demetrio Francisco Estanislao de Jesús Sámano Román (1861-1919) Pátzcuaro-Acámbaro, casado con Paz Serrato de la Llata (1868-), se casan en 1889, hijos: María Dolores Sámano Serrato, Paz Sámano Serrato, María Sámano Serrato, Carmen Sámano Serrato, Concepción Sámano Serrato, Francisco Sámano Serrato, Ignacio Sámano Serrato, Guillermo Sámano Serrato, Manuel Sámano Serrato, Alberto Sámano Serrato, Josefina Sámano Serrato, Vicente Sámano Serrato, Salvador Sámano Serrato, Margarita Sámano Serrato, Esperanza Sámano Serrato y María Guadalupe Sámano Serrato; hijo 4 José Agustín Federico Gabriel de Jesús Sámano Román (1864-) Pátzcuaro-Monterrey, casado con Adelaida Álvarez del Castillo Roaro, (1873-), hijo Agustín Sámano Álvarez del Castillo (1902) casado Carolina Maldonado Álvarez del Castillo; hijo 5 José Hermenegildo de Jesús Sámano Román (1866-) Pátzcuaro, hijo 6 José Rafael de los Dolores de Jesús Sámano Román (1867-) Pátzcuaro-Cd. México, casado con Josefina Granados y Lazo (1873-1963).

Entre los ilustres personajes que pisaron esta casa, se encuentra el asturiano Don Juan Llamedo, dueño de la hacienda de San Cristóbal y del ramal de ferrocarril Acámbaro-Jerécuaro, prestanombres del presidente Gral. Porfirio Díaz, muy amigo de la familia Sámano.



                                                             José María Sámano Román, María Ignacia de Jesús
                 Román Mendoza, María Concepción Lorenza Dolores
                 de Jesús Sámano Román, José Demetrio Francisco
                 Estanislao de Jesús Sámano Román y José Agustín
                 Federico Gabriel de Jesús Sámano Román.
                                         (Daguerrotipo)

Antepasado de los Sámano.
(Óleo sobre placa de marfil).


Antigua casa de los Silva.


Sin duda el famoso Plan Guanajuato promovido por el aquel entonces Gobernador Juan José Torres Landa (1961-1967), dejo a nuestra maravillosa ciudad con otro aspecto, con una fisonomía diferente, menos colonial, no sé si más moderna o una ciudad sin rostro o sin estilo definido.


El Plan Guanajuato según consistió en el desarrollo de infraestructura de los 46 municipios del estado incluyendo las primeras autopistas, presas y obras hidráulicas, construyó el corredor industrial Irapuato, Salamanca, Celaya, realizando obras que lograrán que estas ciudades y otras dejaran de ser “pueblotes” según él, se restauró el ex monasterio de Yuriria, se construyó la calle subterránea Miguel Hidalgo en Guanajuato, el Museo de la Alhóndiga de Granaditas y remodelación de los centros históricos de Acámbaro y Salvatierra.    
             
Es importante mencionar que Hermión Torres Aranda padre de Juan José Torres, trabajó en oficinas rentísticas en Acámbaro en los años 20’s o 30’s, por lo que Juan José estuvo muy identificado con nuestra ciudad, no dudando que le tuviese un merecido cariño a nuestro pueblo. Sería comprensible su menester de tener un pedazo de Acámbaro en su casa.


La remodelación del centro histórico de Acámbaro, consistió en abrir las calles de, Hidalgo, 1.30 m., tramo plazuela hidalgo hasta Héroe de Nocozari, calle de Francisco Sámano 1.50 a 2.0 m, tramo Portal Guadalupe a la Madero. La Guerrero de la Hidalgo hasta la salida a Salvatierra, principalmente; el desmonte de los portales Victoria, ubicado en la esquina de Pino Suárez e Hidalgo (9 arcos del lado de Pino Suárez y 7 del lado de la Hidalgo). Portal de Tabaqueros (sobre la Guerrero, aprox. 8 arcos). Portal Paris (sobre la Hidalgo, 6 arcos). Portal Serrato (sobre la Hidalgo, 7 arcos. La remoción del vallado perimetral del antiguo monasterio de Acámbaro, consistente en cinco arcos mixtilíneos, desmonte de fuentes dentro y fuera del monasterio, y numerosas casas de gran valor arquitectónico fueron afectadas en sus fachadas y muchas destruidas totalmente y sobre todo el famoso Plan nos derrumbó el corazón y alma de nuestro querido pueblo.

La casa de los Silva ubicada en las antiguas calles de La Enseñanza y Cupido, no fue la excepción, fue afectada aprox. Dos metros en su fachada principal orientada a la calle hoy Francisco Sámano; la casa fue construida a finales del siglo XVIII o principios del siglo XIX en un hermoso y sencillo modelo arquitectónico colonial mexicano muy del bajío (barroco-neoclásico) consistente en puertas y ventanas exteriores adinteladas de jambas corridas y tapa alta y debajo su correspondiente repison todo en cantera gris plomo, muy de la época de su manufactura. Por la parte interna se puede observar todavía por el lado de la Madero tres de cinco hermosos arcos de medio punto sin adornos en los intradós y extradós que descansan sobre columnas cilíndricas toscanas de cantera gris plomo y sobre del lado de la calle Sámano una galería de tres arcos de igual manufactura dando lugar a un amplio corredor, excelente para tomar el fresco en las épocas de intenso calor; todo el conjunto es una delicia, lástima que su fachada principal este razada y desmembrada de una parte de la Madero, aún conserva parte del cubo del zaguán y su correspondiente arco, todas las puertas y ventanas interiores están enmarcadas en cantera gris plomo.




Seguramente de ascendencia portuguesa la familia Silva habitó esta casa cuando menos ciento cincuenta años, desde su primer jerarca, Don José Vicente Silva (1818-) casado con Guadalupe Alvor dueños de la hacienda de San Miguel, hijos: José Dolores Silva Alvor, José del Refugio Eleno Silva Alvor (1845-), Antonio Silva Alvor (1841-1907) muerto en la hacienda de San Miguel, casado en 1860 con Ignacia Saavedra, hijos: Mariana Silva Saavedra, Joaquín Silva Saavedra, Benito Silva Saavedra (1867-) dueños de las haciendas de San Miguel y San Nicolás, casado dos veces, primero con María Dolores Pimentel en 1893, hijos: Luis Benito Silva Pimentel (1897-), Francisco Silva Pimentel (1902-), segundo matrimonio con Josefa Silva Narváez (1883-) hija a su vez de Donaciano Silva y Juana Narváez, se casarón en 1912, hijos: Benito Silva y Silva (1913-), Ignacio Silva y Silva (1916-), Miguel Silva y Silva (1921-), Ana María Silva y Silva (1923-), Teresa Silva y Silva (1925-), Jesús Silva y Silva (1928-) María Auxilio Silva y Silva y María del Refugio Silva y Silva, estas dos últimas dueñas de la hacienda de San Nicolás


Dolores Silva Viuda de Ezeta dueña de la hacienda de Agua Caliente.